martes, 18 de agosto de 2009

caro vicepresidente


La administración de Caro se inició el 7 de agosto de 1892 y terminó el 7 de agosto de 1898. No fue ciertamente un gobierno fácil y tuvo que soportar la oposición decidida no sólo de los liberales, sino aún más implacable, la de los conservadores. Estos últimos, liderados por Carlos Martínez Silva en Bogotá y por Marceliano Vélez en Medellín, volvían de los fervores nacionalistas a las viejas toldas de su partido que, bajo la bandera del historicismo político, quería revivir las glorias que consideraban en cierta forma traicionadas por las ideas sostenidas por Núñez y Caro en esos años de gobierno. Prácticamente a partir de 1897, la ruptura del conservatismo con Caro fue total. El liberalismo no se cita, porque de hecho se había autoeliminado: los elementos independientes de dicho partido, seguidores de Núñez, muerto éste volvieron a las filas de su partido, que como tal poco o nada contaba en ese momento. De los años de gobierno de Caro hay que recordar algunos hechos que lo marcaron. La agitación política desatada en Bogotá a principios de 1893, cuando el pueblo se levantó y tuvo a la ciudad prácticamente en sus manos, en días de violentos asaltos y choques con la fuerza pública. Sólo el valor y prudencia del general Antonio Basilio Cuervo, ministro de Gobierno, lograron el retorno a la normalidad aun a costa de su vida. Caro, radicado entonces en Ubaque, no se movió de allí y puso en manos de Cuervo el problema de orden público. La bandera roja y negra de la Comuna se paseó entonces por Bogotá, como símbolo de inspiración de un movimiento que en cierta forma preludiaba brotes de inconformidad que en más de una ocasión han trastornado el proceso de nuestra vida política y social. Episodio candente fue la revolución de 1895, a principios de ese año, cuando fuerzas liberales se levantaron contra el gobierno. Caro llamó entonces al general Rafael Reyes y lo puso al frente de los ejércitos legitimistas. Reyes, con talento indiscutible de estratega y jefe militar, así no lo fuera de profesión, planeó una campaña relámpago que inició en La Tribuna, adelante de Facatativá, bajó al Magdalena, siguió hasta la Costa Atlántica y entró por allí a Santander, donde estaba el foco de la revuelta, acabando con la guerra en Enciso y devolviendo la paz al país. Otro episodio que hay que recordar fue el del llamado gobierno de los Cinco Días. Caro se había retirado a la hacienda de Casablanca, en Sopó, y había dejado encargado del gobierno al general Guillermo Quintero Calderón, como designado que era éste a la Presidencia. Quintero Calderón había tomado ya el partido de los conservadores históricos, y nombró un gabinete encabezado por Abraham Moreno, figura destacada de éstos en Antioquia. A1 darse cuenta Caro de la orientación que se quería dar al gobierno, dando la espalda a los nacionalistas, reasumió el mando en Sopó y puso en manos del general Manuel Casabianca, nombrado por él ministro de Gobierno y de Guerra, el trabajo de restablecer el orden, dentro de los marcos de inspiración nacionalista de su gobierno. De nuevo por mano ajena Caro restablecía la normalidad. Y hay que recordar que por esos días coincidieron en Sopó, Caro y san Ezequiel Moreno, quien venía de Casanare camino a Pasto, y quien pasó allí con su amigo unos pocos días. Ya en 1897 volvió a inquietar el proceso electoral, esta vez para buscar la sucesión de Caro en el gobierno. Fueron meses agitados en que se barajaron varias fórmulas, una vez descartada la posibilidad de una reelección de Caro. La baraja conservadora con los nombres de Marceliano Vélez y Guillermo Quintero Calderón, la liberal con los de Miguel Samper y Foción Soto, la nacionalista con los de Manuel Antonio Sanclemente y José Manuel Marroquín. Se impuso esta última, con los funestos resultados que se vieron: guerra de los Mil Días, golpe del 31 de julio de 1900, cuando Marroquín amarró a Sanclemente y se quedó en el poder, y la pérdida de Panamá.

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