
Caro dejó inédita una extensa colección de poesía en latín: 190 poemas, compuestos sobre todo en la juventud, pero a los cuales añadió otros escritos en edad más avanzada. Esta obra fue publicada por José Manuel Rivas Sacconi con el título de Poesías latinas (el original es M. Antonü Cari Carminum Libri Tres, 1951): Benedetto Riposati, en su antología Voces in aevum (Turín, 1958), destinada a la enseñanza del latín en las escuelas medias italianas, incluyó tres de los poemas latinos de Caro dos, por desgracia, fragmentariamente-, con notas y una breve presentación de nuestro poeta: «Es una de las más puras voces de los últimos tiempos que nos han transmitido y hecho sentir, junto con Pascoli, momentos del glorioso humanismo latino». El hecho de que Caro figure en la sección "El latín a través de los siglos" de una antología escolar de calidad, al lado de Dante, Petrarca, Jacopo Sannazzaro, León XIII, Giovanni Pascoli, Weller, Genovesi, Pasqualetti y otros, significa sin duda un reconocimiento a su valor universal como poeta latino. Muchos de los poemas latinos de Caro fueron también compuestos en español, y de algunos se conserva su propia traducción en prosa. Esto ha planteado la cuestión de cuál fue la versión primera, ¿la latina o la castellana? Rivas y Riposati opinan, con buenas razones, que la composición en latín precedió generalmente a la otra, aunque el primero no descarta la posibilidad de que texto latino y español sean «expresiones casi simultáneas de un solo motivo poético». La verdad se encuentra por ahí, pues Caro mismo reveló en su breve poema "Musa latina" que, mientras se solazaba tratando de escribir versos castellanos, le fluían de la pluma los latinos. Lo que sí es cierto es que Caro fue ante todo poeta latino y que su poesía en latín es, en general, superior a su poesía en castellano; aquella tiene, en efecto, mayor naturalidad que la otra y mayor riqueza de elementos poéticos que, además, son más tersos, vivos y sugerentes. El latín, que Caro poseyó cabalmente, y la fraseología latina acuñada por la tradición literaria romana en la que Caro instintivamente se insertó desde muy joven, se hicieron una sola cosa con su pensamiento y su sensibilidad poética. Los conceptos rigurosos y profundos de Caro, sus sentimientos delicados, su pudor poético, sus éticas y románticas representaciones de la realidad humana y de la naturaleza, hallaron en latín, más que en español, el molde justo en que la expresión conseguía la hondura, la discreción y la belleza que su ideal estético anhelaba. Como bien lo captó Oreste Macri, Caro no es un académico que se deleita, como en un juego, en escribir versos latinos; en ellos hay siempre un sentimiento íntimo y retenido, algo casi impenetrable y doloroso como un drama que no acaba de explotar. Y Caro lo había dicho en "Insomnia poetica": «Noctes dum vigilo, quidquid sub pectore verso / cantitat, in numeros flectitur ipse dolor./ Rhetorici tantum non sunt mea carmina lusus; / pectoris hic etiam sunt lacrimae, hic gemitus» (De noche, en la vigilia, lo que me agita canta,/ y al verso se somete por sí mismo el dolor./ No son mis cármina mero juego retórico;/ llanto del corazón y gemidos hay en ellos.) [Traducción, Jorge Páramo]. Marisa Vismara caracteriza así la poesía latina de Caro: «[Sus Carmina tienen] el gran mérito de ser poesía humana, subjetiva, personal, que canta realidades actuales, vida moderna, no antigua. En verdad son antiguas las formas y los motivos de inspiración, pero dentro palpitan solamente su sensibilidad moderna, su variado mundo soñado, contemplado o vivido; el amor por una naturaleza tranquila, dulce, melancólica, meditativa, animada por voces propias y sentida, de acuerdo con la mente moderna, como partícipe de sentimientos humanos; los suaves y serenos afectos de familia, el fervor político, las amistades; los sentimientos más profundos y delicados del corazón que rehúye las pasiones ardientes y violentas; el abandono místico a la plegaria, la fe sincera en la contemplación de las verdades eternas, el ferviente entusiasmo en la evocación de las grandes figuras de santos. En suma, un mundo de afectos, de ideales y de aspiraciones que encuentra vida en las formas y, a menudo, en los fantasmas del pasado. En este sentido Caro está lejos del Pascoli latino, cuya única fuente de inspiración es el mundo antiguo, pagano y cristiano, revivido a través de una copiosa cultura [...]. La versificación de Caro no tiene nada de estudiadamente elaborado, sino es límpida, simple, armoniosa. En ella llama sobre todo la atención aquella onda musical del ritmo que nace más de una instintiva espontaneidad que de una refinada sabiduría del verso; colores, sonidos y luces son transparencias de su alma sencilla, las que dan hechizo a sus imágenes, encanto y esplendor a sus Versos. Hay una completa fusión entre el sentimiento humano y la capacidad de traducir esta inspiración en una técnica artística original, simple, esencial. Es todo esto lo que confiere tono "lírico" a la poesía latina de Miguel Antonio Caro; un "lirismo" muy suyo, que brota de la inagotable fuente de su sentimiento humano y se expande en la onda sonora de su Verso». [Ver tomo 4, Literatura, "Humanismo y filología: Uricoechea, Caro y Cuervo", pp. 113118; y tomo 5, Cultura, pp. 27-28, 149152 y 170].

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